1.3. Facilitación de grupos y dinámicas asamblearias
1.3.3. La distribución de roles dentro del grupo
Para equilibrar estos aspectos es necesario tener en cuenta que existen diversos roles implicados, ninguno positivo o negativo en sí mismo. Son diferentes patrones conductuales que pueden complementarse para generar una inteligencia colectiva: entendida como el resultado de las diferentes contribuciones para llegar a los mejores acuerdos posibles. Es decir, el objetivo es crear un grupo inteligente: al contrario de lo que se podría pensar, un grupo conformado por individuos inteligentes no nos lleva necesariamente a las mejores propuestas, teniendo en cuenta el triángulo de efectividad grupal. Este grupo podría bloquear las asambleas mediante debates agresivos en los que unos individuos tratarán de imponer a otros sus ideas. Este sería el esquema de funcionamiento de la subjetividad capitalista que fragmentaría los vínculos. En cambio, un grupo conformado por individuos no tan inteligentes de forma individual, pero que supieran complementar sus diferentes perspectivas, podría llegar a ser un grupo inteligente, ya que se utilizaría cada patrón conductual para complementar otros, y generar análisis colectivos de qué hacer en cada situación.
En el libro Grupos Inteligentes: Teoría y práctica del trabajo en equipo, publicado por Editorial Popular en 2011, sus autores, Fernando Cembranos y José Ángel Medina, presentan las bases teóricas de los denominados grupos inteligentes, así como todo un conjunto de técnicas y recomendaciones prácticas para mejorar las dinámicas de trabajo grupal aplicables tanto a entornos profesionales, como al ámbito asociativo y otros espacios colectivos más informales.
De esta forma, la labor de la facilitación es posibilitar una comunicación entre los distintos roles que permita que el grupo sea mayor que la suma de sus partes aunando sus diferentes contribuciones. A modo de resumen, podríamos presentar los roles más habituales de la siguiente manera:
Tabla 1. Roles más habituales
| Roles visionarios: presentan ideas para el avance del grupo y la consecución de sus objetivos. | Iniciadores: presentan y defienden iniciativas. |
| Opositores: tienden a oponerse a las propuestas de los iniciadores. | |
| Vigías: proponen estrategias a largo plazo e introducen posibles problemas que aún no han tenido lugar. | |
| Roles operativos: concretizan la ejecución de las propuestas y acuerdos del grupo. | Realistas: analizan las ideas desde un enfoque práctico, encuentran pros y contras y velan por los recursos del grupo. |
| Seguidores: aceptan y amplifican el valor de las ideas propuestas por otros. | |
| Informadores: aportan datos útiles para los temas tratados. | |
| Creativos: encuentran soluciones originales para solucionar problemas y minorar la tensión de las asambleas. | |
| Relatoría: toma nota del acta con los acuerdos. | |
| Control del tiempo: se encarga de controlar los tempos. | |
| Control de turnos: toma nota del orden de intervención de palabras. | |
| Roles de cuidados: se centran en las necesidades y relaciones del grupo. | Mediadores: suavizan y concilian relaciones tensas. |
| Animadores: motivan al grupo y celebran los logros. | |
| Arañas: mantienen contacto con muchos integrantes y sostienen sus relaciones. |
Todos estos roles son necesarios para el buen funcionamiento de la asamblea, ya que cada uno cumple una función integradora de la inteligencia colectiva. Cada participante, además, puede ejercer más de un rol y transicionar de uno a otro. De hecho, esta rotatividad de roles es deseable, ya que permite empatizar con los puntos de vista ajenos de cara a construir un parecer común.
No obstante, es el rol de facilitación el que posee un lugar especial en la asamblea, ya que modula la participación del resto de roles. El facilitador o facilitadora no puede establecer los objetivos, por tanto, no puede ejercer labores visionarias. En caso contrario, el facilitador concentraría un poder que dificultaría la participación del resto de compañeros: lo que no impide que el rol de facilitador pueda realizar propuestas de consenso o incluso interrumpir su labor puntualmente para contribuir a la asamblea desde otra función. Así, el facilitador es un rol operativo y de cuidados en la misma medida; ya que, por una parte, debe ser capaz de ir controlando las palabras, saber quién debe presentar cada tema y proponer los métodos de debate y acuerdo que mejor se adapten a cada situación. Y, al mismo tiempo, actúa como un termómetro humano empatizando con los miembros del grupo, estando atento a que los participantes se sientan escuchados, atendidos e integrados. Ambas vertientes son las que permiten que los demás roles actúen con fluidez, empatía y honestidad en su comunicación.