2.1. Lo social y el concepto de lo colectivo
2.1.2. Definiendo lo social. Las dos visiones principales
Históricamente, en las Ciencias Sociales en general, y en la disciplina psicológica y la Psicología Social en particular, ha existido un gran debate acerca de qué es lo colectivo y de qué modo debemos acercarnos para estudiar los fenómenos sociales. Tradicionalmente, ha existido un gran conjunto de autores y autoras donde lo social se ha entendido desde una base cognitivo-conductual, es decir, lo social sería la suma de las percepciones individuales, procesamientos mentales, respuestas comportamentales y otros procesos psicológicos (ej. memoria, atención, motivación, etc.) de cada una de las personas (Ibáñez, 2001). Asimismo, a partir de la segunda mitad del siglo XX aparecen otras corrientes desde la Psicología Social que proponen otro enfoque para entender lo social. En ellas, lo social ya no sería un agregado de procesos psicológicos de cada individuo respecto a cómo percibe a los demás, sino que lo social sería el resultado de un conjunto de significados construidos y compartidos por diferentes personas que escapan o son irreducibles a los procesos psicológicos de cada sujeto de manera individual. Unos significados particulares para cada colectivo, que se ven moldeados por los acontecimientos políticos, económicos, culturales e históricos y que influyen en las dinámicas que esas personas llevan a cabo en el día a día (Collier, Minton y Reynolds, 1991).
Si bien existen muchísimos matices y variantes en cada una de estas dos visiones sobre lo social, la definición y el cómo debemos acercarnos a analizar los procesos colectivos y la acción social, son muy diferentes en cada una de ellas.
Tomemos el ejemplo de una manifestación espontánea que surge en el centro de una gran ciudad cuando varias personas son testigo de un caso de violencia transfóbica. Desde un planteamiento cognitivo-conductual, nos enfocaremos en entender las percepciones de cada una de las personas que comenzaron a manifestarse, los elementos atencionales que han sido procesados como injustos y en operacionalizar el constructo de transfobia para poder analizar el grado de odio hacia las personas trans en cada individuo. Por otro lado, desde una perspectiva construccionista, el interés principal residiría en entender qué elementos comunes a todas las personas manifestantes han podido disparar la necesidad de protestar y vincularse como un colectivo de personas: una noción común sobre la injusticia social, el interés por el apoyo y el cuidado mutuo, una trayectoria vital marcada por acontecimientos de violencia, un momento histórico marcado por la visibilización y reivindicación de derechos hacia personas del colectivo LGTBIQ+, etc.
Como podemos observar en ambas explicaciones, la noción de lo social y el modo de explicar el comportamiento colectivo son muy diferentes en cada caso. Desde lo social como el «todo es igual a la suma de las partes» de la visión cognitivo-conductual, donde cada parte sería la mente de cada individuo; a la visión de lo social como una construcción histórica, cultural, económica y política de significados compartidos entre diferentes personas y sus relaciones entre ellas, irreductible a la mera suma de los procesos cognitivos individuales, donde el todo es mucho más complejo (Morin, 1995).