2. Procesos colectivos y acción social

2.3. ¿Cómo entender y analizar lo colectivo?

2.3.3. Teoría de la identidad social

La identidad social es otro elemento que sirve para explicar el comportamiento colectivo de un conjunto de personas. Una de las personas que más ha trabajado este concepto es Henry Tajfel (1984). Aunque no nos extenderemos aquí en explicar qué es la identidad social, sí debemos recordar que esta alude al proceso por el cual una persona se identifica como perteneciente a un grupo y, por tanto, como externo o no perteneciente a otro (ideología política, equipo deportivo, nación, minoría social, etc.), con una carga de valor emocional sobre la pertenencia a ese grupo (y, por tanto, con unos significados valorativos y emocionales de aquellos que no pertenecen al grupo).

Así, desde la identidad social, se entiende que la pertenencia a un grupo conllevará el actuar favoreciendo a otros miembros percibidos como parte de este (endogrupo), antes que favorecer a personas que se perciben como no pertenecientes al grupo (exogrupo). A lo largo de la historia de la Psicología Social, se han elaborado multitud de experimentos y análisis sobre la identidad social, para explicar fenómenos tan relevantes como guerras civiles, estereotipos y prejuicios frente a minorías sociales, la xenofobia o la aculturación (Rojas et al., 2010).

La identidad social permite, entre otros, explicar algunos comportamientos colectivos paradójicos, como, por ejemplo, favorecer a personas de un mismo grupo aunque sean totalmente desconocidas, frente a otras a las que conocemos y tenemos algún tipo de vínculo o afecto, pero que percibimos como no pertenecientes al grupo.

Y es que, para la teoría de la identidad social, lo más importante no es favorecer a los miembros del grupo perteneciente por el hecho en sí de ser del grupo. Lo realmente central es que las personas no pertenecientes al grupo sean explícitamente menos favorecidas. Este contraste entre lo que reciben los miembros del grupo frente aquello que no reciben los otros, conlleva una diferenciación explícita y visible de hasta dónde abarca el grupo. Esto, a su vez, refuerza el sentirse perteneciente al grupo y, por tanto, la identidad social.

De este modo, autores como Stephen Reicher (1984, 1987) llegan a la conclusión de que, en un grupo o masa social, antes que una pérdida de identidad individual, lo que ocurre es precisamente un reforzamiento de la identidad social: una identidad social de grupo que atraviesa a las personas como individuos y que es más que la suma de sus partes.