3. Los movimientos sociales: ¿qué son?, ¿por qué estudiarlos?, ¿cómo estudiarlos?

3.4. Elementos adicionales para la investigación en movimientos sociales

3.4.2. Los marcos de la acción colectiva y los campos de identidad

Según Bert Klandermans, experto en la psicología social de la protesta y la participación en movimientos sociales, las teorías presentadas hasta ahora (la de movilización de recursos, la de los nuevos movimientos sociales y la de estructuras de las oportunidades políticas), dominantes a finales del siglo XX, tienen como virtud que permiten ser combinadas, y así generar una visión integral de los recursos que necesita un movimiento. Es decir, analizar cómo utilizarlos de cara a oportunidades existentes y las expectativas que eran causa de la movilización. Sin embargo, ninguna por sí misma ni las tres en combinación permiten explicar por qué se escoge la movilización como método por encima de otras formas de incidencia social.

Para Klandermans, el aspecto central se encuentra en la producción de marcos que generan este efecto persuasivo, lo que lleva a la interpretación de que la movilización es la vía más adecuada para alcanzar los objetivos del grupo. Para ello, es necesario la construcción de marcos de acción colectiva, definidos como esquemas de interpretación compartidos que permiten guiar una respuesta colectiva (Klandermans, 1992; Stekelenburg y Klandermans, 2017). La taxonomía más básica para analizar estos marcos se estructura de la siguiente forma:

  1. El marco de diagnóstico (diagnostic frame), que identifica ciertos sucesos como injusticias sociales.
  2. El marco de pronóstico (prognostic frame), que establece cuáles son las vías de solución de la injusticia social identificada por el marco de diagnóstico. Esta identificación incluye las estrategias a largo plazo y las tácticas a corto plazo del movimiento, dotando a los activistas de una orientación de acción común.
  3. El marco de motivación (motivational frame), proporciona el vocabulario específico que permite redirigir sentimientos difusos y vagos de insatisfacción hacia el convencimiento de que la movilización es un método deseable de acción.

Una ventaja de aplicar este utillaje conceptual es que permite explicar por qué resulta convincente a un grupo concreto considerar que la movilización es una forma adecuada para reclamar e incluso conseguir sus reivindicaciones.

Siguiendo esta línea, la construcción de marcos de acción colectiva fomenta el proceso de alineamiento de marcos (frame alignment), que permite alinear los sentimientos individuales de forma colectiva. Con esto, se posibilita una comprensión común de los problemas existentes, cómo solucionarlos y por qué la movilización es deseable. Ahora bien, este proceso no solo facilita respuestas colectivas en forma de movilización, sino que despliega una identidad sobre los grupos implicados. Scott Hunt ha identificado que la construcción de marcos de acción colectiva es paralelo e interdependiente de la producción de lo que denomina campos de identidad (Hunt et al., 1994). Estos campos de identidad recogerían los rasgos con los que se define a cada grupo implicado en el universo simbólico derivado de los marcos de acción colectiva, y se clasifican del siguiente modo:

  1. Campo de identidad de los protagonistas (protagonist field), que abarca las características propias de los participantes del movimiento social y afectados directos de la problemática que se aborda.
  2. Campo de identidad de los antagonistas (antagonist field), que incluye los rasgos con los que se define a los opositores del movimiento y responsables de la injusticia social que se trata de superar.
  3. Campo de identidad de la audiencia (audience field), que recoge los atributos de las diferentes audiencias, así como la identificación de qué audiencias son potenciales aliados o potenciales opositores dependiendo de la estrategia que se accione.

El aspecto fundamental de estas teorías es que muestran que la producción simbólica de la realidad sería indisociable de la producción de identidad. Es decir, que los marcos que utilizamos no solo abarcan qué hacemos sino también quién somos, construyendo una imagen del «nosotros» (tal y como se avanzó en el apartado «2.3.3. Teoría de la identidad social») en forma de identidad colectiva:

«Denomino identidad colectiva al proceso de construir un sistema de acción. La identidad colectiva es una definición interactiva y compartida que un cierto nombre de individuos (o en un nivel más complejo de grupos) elabora respecto a las orientaciones de sus acciones en el campo de las oportunidades y las limitaciones en las que se desarrollará la acción. Cuando hablo de ‘interactiva y compartida’ quiero decir que estos elementos se construyen y se superan por medio de un proceso constante de activación de las relaciones que unen a los actores».

Melucci (1996, p. 70)

Que Melucci proponga una visión dinámica de la producción simbólica e identitaria es central, como veremos a continuación.