3.4. Elementos adicionales para la investigación en movimientos sociales
3.4.2. Los marcos de la acción colectiva y los campos de identidad
Según Bert Klandermans, experto en la psicología social de la protesta y la participación en movimientos sociales, las teorías presentadas hasta ahora (la de movilización de recursos, la de los nuevos movimientos sociales y la de estructuras de las oportunidades políticas), dominantes a finales del siglo XX, tienen como virtud que permiten ser combinadas, y así generar una visión integral de los recursos que necesita un movimiento. Es decir, analizar cómo utilizarlos de cara a oportunidades existentes y las expectativas que eran causa de la movilización. Sin embargo, ninguna por sí misma ni las tres en combinación permiten explicar por qué se escoge la movilización como método por encima de otras formas de incidencia social.
Para Klandermans, el aspecto central se encuentra en la producción de marcos que generan este efecto persuasivo, lo que lleva a la interpretación de que la movilización es la vía más adecuada para alcanzar los objetivos del grupo. Para ello, es necesario la construcción de marcos de acción colectiva, definidos como esquemas de interpretación compartidos que permiten guiar una respuesta colectiva (Klandermans, 1992; Stekelenburg y Klandermans, 2017). La taxonomía más básica para analizar estos marcos se estructura de la siguiente forma:
- El marco de diagnóstico (diagnostic frame), que identifica ciertos sucesos como injusticias sociales.
- El marco de pronóstico (prognostic frame), que establece cuáles son las vías de solución de la injusticia social identificada por el marco de diagnóstico. Esta identificación incluye las estrategias a largo plazo y las tácticas a corto plazo del movimiento, dotando a los activistas de una orientación de acción común.
- El marco de motivación (motivational frame), proporciona el vocabulario específico que permite redirigir sentimientos difusos y vagos de insatisfacción hacia el convencimiento de que la movilización es un método deseable de acción.
Una ventaja de aplicar este utillaje conceptual es que permite explicar por qué resulta convincente a un grupo concreto considerar que la movilización es una forma adecuada para reclamar e incluso conseguir sus reivindicaciones.
El concepto de marco fue inicialmente propuesto por el antropólogo Gregory Bateson (1988) y posteriormente sistematizado por Erving Goffman (1974, p. 21), quien lo definió como un «esquema de interpretación» que nos permite «localizar, percibir, identificar y etiquetar» determinadas eventualidades y guiar una respuesta conductual. Esta aproximación, de tipo cognitivista y heredera del interaccionismo simbólico, se asienta en la premisa de que nuestra conducta depende de la interpretación de la situación en la que nos vemos inmersos. En la obra de ambos autores, lo característico del concepto de marco es que percibimos, de una forma u otra, una eventualidad según el significado que utilicemos y proyectemos para interpretarla. Este proceso de significación se conoce como enmarcado, en el cual se ancla un devenir de sucesos bajo un determinado esquema de interpretación. Presenta las siguientes características:
- Para que el enmarcado tenga éxito, es necesario que sea integrado por sus usuarios como respuesta conductual reiterativa a situaciones similares. En otras palabras, un proceso de enmarcado es repetitivo y significa del mismo modo situaciones similares.
- El enmarcado es un proceso lingüístico, ya que el marco utilizado funciona como un discurso que nos permite comprender aquello que percibimos. Este aspecto desdibuja la frontera entre pensamiento y lenguaje. Se trata de un rasgo influenciado por el giro lingüístico, que se define como la toma de conciencia, por parte del mundo académico, de que nuestra forma de describir lingüísticamente el mundo es la forma en la que efectivamente pensamos el mundo.
- El enmarcado es un proceso interaccional. En esta característica confluyen los dos aspectos reseñados con anterioridad. Dado que los marcos son lingüísticos y son integrados por repetición, se requiere la interacción comunicativa entre individuos para que estos puedan existir. En resumen, el enmarcado se origina en la comunicación entre individuos y grupos.
Para ilustrar estos tres aspectos, pongamos un ejemplo que nos remite al apartado «1.3.5. Cuerpos, afectos y subjetividad». En las asambleas de los movimientos que conformaban el 15M, se alzaban los brazos, girando las manos de derecha a izquierda, como símbolo de aceptación de un discurso que se esté manejando en la asamblea. Si desconociéramos esta práctica y nos la encontráramos por primera vez, se podría generar una confusión inicial sobre qué significa esta gestualidad. Nuestra interacción con los miembros de la asamblea serviría para asumir que tal gestualidad, en dicho contexto, significa asentimiento.
Ahora bien, el enmarcado no solo sucede para comprender un fenómeno propiamente comunicativo. También se pueden enmarcar sucesos económicos, sociales y de toda índole. Pensemos en la reivindicación de diversos movimientos feministas que reclaman la necesidad de utilizar la expresión «violencia de género». Tal como explica Ana Álvarez (2005), precisamente la introducción del término género permite enmarcar determinadas prácticas como resultado de patrones patriarcales. Por ejemplo, la concepción de que, en una relación de pareja heterosexual, el hombre puede tratar a la mujer como una propiedad en vez de como un sujeto autónomo, lo que le otorgaría un derecho sobre su intimidad, su privacidad e incluso para ejercer daño físico. En otras palabras, enmarcar tales violencias mediante el código de género permitía significar estas dinámicas, de modo que se visibilizara el patriarcado aún existente en la sociedad.
Siguiendo esta línea, la construcción de marcos de acción colectiva fomenta el proceso de alineamiento de marcos (frame alignment), que permite alinear los sentimientos individuales de forma colectiva. Con esto, se posibilita una comprensión común de los problemas existentes, cómo solucionarlos y por qué la movilización es deseable. Ahora bien, este proceso no solo facilita respuestas colectivas en forma de movilización, sino que despliega una identidad sobre los grupos implicados. Scott Hunt ha identificado que la construcción de marcos de acción colectiva es paralelo e interdependiente de la producción de lo que denomina campos de identidad (Hunt et al., 1994). Estos campos de identidad recogerían los rasgos con los que se define a cada grupo implicado en el universo simbólico derivado de los marcos de acción colectiva, y se clasifican del siguiente modo:
- Campo de identidad de los protagonistas (protagonist field), que abarca las características propias de los participantes del movimiento social y afectados directos de la problemática que se aborda.
- Campo de identidad de los antagonistas (antagonist field), que incluye los rasgos con los que se define a los opositores del movimiento y responsables de la injusticia social que se trata de superar.
- Campo de identidad de la audiencia (audience field), que recoge los atributos de las diferentes audiencias, así como la identificación de qué audiencias son potenciales aliados o potenciales opositores dependiendo de la estrategia que se accione.
Pongamos un ejemplo concreto para entender la interrelación entre marcos de acción colectiva y campos de identidad (Giménez, 2018; Sanmartín, 2014), basado en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), fundada en Barcelona en el año 2009 con el objetivo de modificar las leyes hipotecarias del Estado español.
Taula 8. Marcos de acción colectiva y campos de identidad basado en la PAH
| Marco de diagnóstico |
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| Marco de pronóstico |
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| Marco de motivación |
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| Campo de identidad protagonista | Personas afectadas que se identificaban como activistas en el conflicto por garantizar el derecho a la vivienda. |
| Campo de identidad antagonista | Entidades financieras consideradas como estafadoras y responsables de la problemática habitacional. |
| Campo de audiencia | La ciudadanía, cuya simpatía se buscaba para conseguir apoyos populares a las reivindicaciones legislativas de la PAH. Y que precisamente era caracterizada como una ciudadanía que también estaba afectada, aunque no organizada, ya que había sufrido una crisis económica generada por las prácticas abusivas de las entidades bancarias. |
Estos aspectos pueden verse reseñados en el siguiente vídeo de la PAH: https://www.youtube.com/watch?v=TkrM-zBGjBQ.
El aspecto fundamental de estas teorías es que muestran que la producción simbólica de la realidad sería indisociable de la producción de identidad. Es decir, que los marcos que utilizamos no solo abarcan qué hacemos sino también quién somos, construyendo una imagen del «nosotros» (tal y como se avanzó en el apartado «2.3.3. Teoría de la identidad social») en forma de identidad colectiva:
«Denomino identidad colectiva al proceso de construir un sistema de acción. La identidad colectiva es una definición interactiva y compartida que un cierto nombre de individuos (o en un nivel más complejo de grupos) elabora respecto a las orientaciones de sus acciones en el campo de las oportunidades y las limitaciones en las que se desarrollará la acción. Cuando hablo de ‘interactiva y compartida’ quiero decir que estos elementos se construyen y se superan por medio de un proceso constante de activación de las relaciones que unen a los actores».
Que Melucci proponga una visión dinámica de la producción simbólica e identitaria es central, como veremos a continuación.