4. Trazando el camino hacia la institucionalización de los movimientos sociales

4.1. Introducción

Los movimientos sociales tratan de cuestionar alguna política o condición social de la cual responsabilizan a las instituciones, lo que revela una manifiesta tensión hacia ellas, rechazo o distanciamiento (Buechler, 2016). De manera que, en el contexto del estudio de los movimientos sociales, cuando hablamos de proceso de institucionalización, suele hacerse referencia a la fase final del proceso de movilización (Kriesi, 2016; Tarrow, 2012). En esta última fase, el movimiento social ha perdido completamente su carácter conflictivo y revolucionario, se ha desradicalizado (Morgan, 2007), ha jerarquizado su estructura organizativa (Ibarra, 2000) y ha adquirido una forma de funcionamiento cada vez más similar a la de los grupos de interés y partidos políticos.

Como veremos a continuación, podemos analizar el proceso de institucionalización de los movimientos básicamente desde dos perspectivas. Por un lado, poniendo el foco en los posibles cambios de modelo organizativo, siguiendo propuestas teóricas de la movilización de recursos. Por otro lado, atendiendo a la orientación y estrategia política del movimiento en relación con el contexto institucional de cada momento, siguiendo las propuestas teóricas de la estructura de oportunidad política.

Pero ¿la institucionalización equivale realmente al fin de los movimientos sociales? Para autoras como Ferrée y Martin (1995) esta no significa un abandono de los objetivos ni de las prácticas, ni una desradicalización de la movilización, sino un interés por permanecer en el tiempo. Un ejemplo sería el movimiento feminista estadounidense, cuya preocupación es la supervivencia de las organizaciones. Esta supervivencia precisa de efectividad, de manera que las asociaciones pueden depender de las instituciones estratégicamente. Así mismo, autores como Alain Touraine o Manuel Castells han contemplado la posible coexistencia de modelos revolucionarios y reformistas, en función de la orientación ideológica de la movilización (Pichardo, 1997) y su relación con las instituciones (Santamarina, 2008). Si tomamos como ejemplo algunas de las movilizaciones que actualmente nos rodean (el movimiento feminista, LGTBI+, antirracista o anticapacitista), vemos que parte de sus demandas han sido absorbidas por las instituciones (Coll-Planas y Cruells, 2017), mediante la creación de organismos y el desarrollo de políticas públicas (Ruiz, 2009), pero que, a su vez, siguen existiendo acciones reivindicativas y protestas en formas de manifestaciones en las calles.