4. Trazando el camino hacia la institucionalización de los movimientos sociales

4.2. La institucionalización como cambio del modelo organizativo

4.2.5. La capacidad organizativa y económica

Mediante la formalización que adquieren las organizaciones, estas se profesionalizan y burocratizan, con la posibilidad de aumentar, también, su capacidad organizativa si disponen de suficientes recursos económicos. Pero cuando estos recursos no están disponibles (o para hacerlo posible), a menudo, el modelo organizativo acaba sustentándose sobre el esfuerzo de personal voluntario o en situación de precariedad, que, además debe pasar parte considerable de su tiempo dedicado a la burocracia administrativa y a la búsqueda de recursos económicos, en detrimento de otros objetivos organizativos. Una dedicación que se produce en un contexto de competitividad con otras organizaciones que optan a las mismas convocatorias y se ven obligadas a adoptar una lógica casi empresarial (Coll-Planas y Cruells, 2008), que acaba reforzando la estrategia de incorporación de personal remunerado.

Esta dependencia financiera puede acabar en situaciones de clientelismo con el organismo o entidad financiadora. Por un lado, esto puede implicar renunciar a la actividad más reivindicativa y crítica de la organización y, por tanto, amenazar su proyecto político-ideológico (Rucht, 2017). Cuando las organizaciones no quieren perder su autonomía frente a estas entidades financieras pero, a la vez, quieren seguir siendo capaces de dar respuesta a sus necesidades económicas, estas pueden recurrir a diferentes estrategias:

  • recepción de pequeñas cantidades económicas procedentes de subvenciones,
  • solicitud de ayudas públicas con carácter puntual para la realización de actos específicos,
  • búsqueda de alternativas económicas como la financiación privada,
  • celebración de actos o actividades para recaudar fondos, o
  • el establecimiento de cuotas monetarias para que las personas puedan asociarse a la organización.

El uso de este tipo de estrategias muestra que la pérdida de autonomía es percibida como un factor preocupante para las asociaciones que, históricamente, han sido contrarias a la recepción de subvenciones y cuyo ideario político es la autofinanciación, autogestión e independencia política (Coll-Planas y Cruells, 2017).